La inestabilidad continúa reinando el mundo de la relojería. Algunas marcas no saben cómo sostener sus ventas y otros intentan integrarse al mundo de los relojes inteligentes. Aunado a esto, para iniciar el 2017, se ha vuelto más estricta la obtención de valorada designación “Swiss Made”.

La credibilidad de la industria de la alta relojería y la relojería fina depende en gran medida de la leyenda “Swiss Made” en las carátulas de sus relojes. Es indiscutible la calidad de manufactura de lo fabricado en Suiza, de la tradición artesanal suiza, sin embargo, en los últimos años muchas creaciones obtenían este título y sus productos contaban con la calidad suficiente.

En un inicio, se consideraba como un “hecho en suiza” a las piezas que contaban con 50% de producción suiza, lo que significaba que sí tenían maquinaria de cuarzo o mecánica manufacturada en dicho país europeo se le consideraba ya un “Swiss Made”, aunque las demás piezas estuvieran hechas en otro lado (China, por ejemplo). Ahora, para poder ser considerado con esta apreciada denominación, los relojes deberán tener un costo de producción suizo de un mínimo del 60%.

Creemos que este cambio legal es un buen paso para seguir diferenciando y exaltando los relojes con tradición, precisión y artesanía, de los comunes y corrientes hechos en masa. Lamentablmente las nóveles casas relojeras pueden resentir fuertemente estos cambios ya que su entrada al mercado de lo “Hecho en Suiza” se complica fuertemente.

 

En definitiva las cosas están cambiando. Las relojeras más que preocuparse por una leyenda, por una designación que les ayude a vender más piezas, deberían ofrecer relojes que hablen y conecten con sus usuarios, que representen a las personas que los portan. La industria relojera no debería sostenerse por leyendas, sino por constante cambio y creatividad.



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